El fallo del TCA sobre el Puerto de Montevideo: una decisión que fortalece la soberanía y el interés nacional
El reciente fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA), que anuló parte sustancial del decreto 114/2021 y dejó sin efecto la consolidación de un monopolio privado en la operativa de contenedores del Puerto de Montevideo, marca un antes y un después en la política portuaria del país.
Desde el Frente Amplio se habíamos advertido, desde el primer momento, que el acuerdo alcanzado por el gobierno anterior presentaba serias irregularidades jurídicas y afectaba principios fundamentales como la libre competencia, la transparencia y la soberanía nacional. El tiempo y la Justicia confirmaron esas advertencias.
El fallo del TCA no solo corrige una decisión administrativa: reafirma la fortaleza de las instituciones democráticas uruguayas. En un tema estratégico para el desarrollo productivo del país, la Justicia actuó con independencia y rigor técnico, devolviéndole al Estado herramientas claves para definir el rumbo de su principal puerto.
El Puerto de Montevideo no es un actor más en la economía nacional. Es un nodo logístico estratégico para el comercio exterior, la generación de empleo y la competitividad del país en la región. Por eso, cualquier decisión que condicione su funcionamiento debe estar respaldada por legalidad, transparencia y una visión de desarrollo nacional.
Con la anulación del monopolio, se abre la posibilidad de licitar nuevas terminales especializadas y generar condiciones de competencia que mejoren la eficiencia, reduzcan costos y fortalezcan la posición del puerto en el escenario regional.
Este escenario permite recuperar el derecho del Estado a planificar estratégicamente el futuro de una actividad clave. No se trata de estar en contra de la inversión privada, sino de garantizar reglas claras, igualdad de oportunidades y decisiones que prioricen el interés general por encima de acuerdos particulares.
Durante todos estos años, el Frente Amplio sostuvo una postura firme y coherente frente a este tema, aún cuando ello implicó costos políticos y personales. La defensa del interés nacional no es una consigna: es una responsabilidad.
El fallo del TCA confirma que no se trataba de una discusión ideológica, sino de un debate jurídico, institucional y estratégico para el país.
Se abre ahora una nueva etapa para el Uruguay. Una etapa que debe estar marcada por la planificación estratégica, la transparencia en la gestión y el compromiso con el trabajo y la producción nacional.
El desafío es grande: mejorar la eficiencia del puerto, recuperar competitividad y consolidarlo como motor de desarrollo. Pero también es una oportunidad para construir políticas públicas sólidas, con participación y visión de largo plazo.
Cuando las instituciones funcionan y el interés general prevalece, el país avanza. Este fallo es una muestra de ello.

