1º Conversatorio: IA ¿Inteligencia Agroalimentaria?

Un conversatorio para discutir cómo incorporar la inteligencia artificial al agro uruguayo
Realizamos en el Pabellón de Canelones de la Rural del Prado el conversatorio "IA: ¿Inteligencia Agroalimentaria?", organizado desde la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca de la Cámara de Representantes, con el apoyo de Uruguay Innova y el Gobierno de Canelones.
La actividad reunió a representantes del Gobierno, organismos públicos, instituciones de investigación y educación, empresas tecnológicas, productores y actores vinculados al sector agropecuario, con el objetivo de poner en discusión qué oportunidades y qué desafíos plantea la inteligencia artificial para las cadenas agroalimentarias.
Desde la apertura planteamos que la inteligencia artificial ya llegó y avanzó sin preguntarnos si estábamos preparados para recibirla. Por eso entendemos que el Parlamento tiene que conocer sus alcances y acompañar una transformación que va mucho más allá de una nueva herramienta tecnológica.
También señalamos que este proceso debe tener a las personas en el centro. El desarrollo tecnológico tiene que estar vinculado con el trabajo digno, con la generación de oportunidades y con el desarrollo de nuestra comunidad y de nuestro país.
Durante la jornada abordamos esta discusión desde tres grandes dimensiones: el marco normativo y las políticas públicas, los sistemas productivos y la investigación, la educación y la extensión. La diversidad de actores permitió mirar la inteligencia artificial no solamente desde la tecnología, sino también desde la producción, el conocimiento, el trabajo y las capacidades que Uruguay necesita desarrollar.
En el primer bloque discutimos el papel de las políticas públicas y las condiciones que necesita Uruguay para aprovechar esta transformación. Allí apareció con fuerza una idea: la inteligencia artificial puede generar un salto de productividad cuando se combina con otras capacidades que el país ya tiene, como los sensores, los satélites, la robótica, la genómica y los sistemas de información.
No se trata solamente de preguntarnos qué puede hacer la inteligencia artificial por el agro, sino de identificar primero cuáles son los problemas concretos que tenemos y luego encontrar las tecnologías y los conocimientos que puedan ayudarnos a resolverlos. Desde Uruguay Innova se planteó justamente esa necesidad de articular las capacidades del Estado, la academia, la ciencia y las empresas alrededor de los desafíos estratégicos del país.
También discutimos un aspecto que va a ser cada vez más importante: los datos. Uruguay ya cuenta con una enorme cantidad de información generada por sus sistemas productivos, por la investigación y por instituciones que durante décadas han construido capacidades en áreas como la trazabilidad.
El desafío ahora es transformar esos datos en conocimiento y en mejores decisiones, pero también asegurar su gobernanza, su protección y su utilización responsable. Uruguay ya cuenta con una Estrategia Nacional de Datos 2030 que considera los datos un activo estratégico para la toma de decisiones, la innovación, el crecimiento económico y la soberanía digital.
En ese sentido, entendemos que la discusión sobre inteligencia artificial también es una discusión sobre soberanía. Tenemos que preguntarnos quién administra nuestros datos, cómo se utilizan y qué capacidades queremos construir para que Uruguay pueda aprovecharlos en beneficio de su desarrollo.
El segundo bloque llevó la discusión directamente a los sistemas productivos. Allí aparecieron ejemplos concretos de cómo la inteligencia artificial puede ayudar a mejorar procesos, generar información, anticipar problemas y tomar decisiones con mayor cantidad de elementos.
Pero también quedó claro que la tecnología por sí sola no resuelve los problemas. Para que una innovación llegue efectivamente al establecimiento productivo tiene que existir adopción. Necesitamos conectar a quienes conocen los problemas del campo con quienes desarrollan las soluciones tecnológicas y con las instituciones capaces de validarlas y llevarlas al territorio.
Ese vínculo entre conocimiento y producción es especialmente importante para Uruguay. Tenemos instituciones de investigación fuertes, profesionales con reconocimiento internacional y una larga trayectoria de innovación aplicada al agro. El desafío es lograr que una mayor parte de ese conocimiento se transforme efectivamente en herramientas que lleguen a los sistemas productivos y mejoren la realidad de quienes producen.
El tercer bloque estuvo dedicado a investigación, educación y extensión. Allí discutimos cómo la inteligencia artificial puede transformar la manera en que investigamos, procesamos información y formamos a las nuevas generaciones.
La inteligencia artificial puede analizar grandes volúmenes de información, detectar patrones, realizar simulaciones y facilitar tareas que hasta ahora demandaban mucho tiempo. Pero eso no significa que pueda sustituir el conocimiento humano. Por el contrario, cuanto más avanzan estas herramientas, mayor es la necesidad de personas capaces de formular buenas preguntas, interpretar resultados, identificar errores y tomar decisiones.
También apareció una preocupación que consideramos especialmente relevante para nuestro país: cómo lograr que la inteligencia artificial incorpore nuestro conocimiento rural, nuestro lenguaje y nuestra cultura productiva. No podemos asumir que todo el conocimiento que necesitan nuestros sistemas productivos está disponible de la misma manera en las grandes bases de información globales.
Uruguay tiene conocimientos construidos durante generaciones sobre el campo natural, las pasturas, los sistemas productivos y las particularidades de nuestro territorio. Ese conocimiento también forma parte de nuestro patrimonio y tenemos que ser capaces de digitalizarlo, preservarlo y ponerlo a disposición de las nuevas herramientas sin perder su contexto.
La discusión también nos llevó a mirar más allá de la inteligencia artificial. Tenemos que preguntarnos qué modelo de desarrollo rural queremos construir. Uruguay tiene una enorme capacidad científica y tecnológica, pero todavía existen brechas importantes de productividad y problemas productivos que requieren conocimiento, innovación y acompañamiento.
Por eso, el desafío no puede ser solamente incorporar la última tecnología disponible. Tenemos que generar conocimiento para levantar las grandes limitantes que todavía tenemos, cuidar nuestros recursos naturales y lograr que la investigación y la innovación lleguen efectivamente a quienes producen.
En este proceso, la dimensión normativa también va a ser fundamental. Desde el Parlamento tenemos que abordar cuestiones como la gobernanza y la soberanía de los datos, la protección de la información y las condiciones necesarias para que exista innovación. Al mismo tiempo, tenemos que encontrar un equilibrio que permita crear, experimentar y desarrollar nuevas soluciones sin generar barreras innecesarias.
Uruguay ya está construyendo capacidades institucionales en inteligencia artificial. En setiembre se lanzó el Instituto Vidart, el Centro Nacional de Inteligencia Artificial, una iniciativa conjunta de Uruguay Innova, la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento y Agesic, con apoyo de ANII, orientada a generar conocimiento, formar talento y transformar el uso de la IA en capacidades y resultados concretos para el país. (Gub.uy)
Todo esto muestra que la discusión que abrimos en la Comisión no termina en este conversatorio. Por el contrario, es un punto de partida.
Tenemos por delante el desafío de aprovechar una tecnología que puede generar nuevas oportunidades de productividad y agregado de valor, pero sin perder de vista las preguntas fundamentales: qué conocimiento queremos generar, cómo protegemos nuestros datos, cómo hacemos que la innovación llegue al territorio, cómo formamos a las personas y qué modelo de desarrollo queremos construir.
La inteligencia artificial ya está llegando al agro. Ahora tenemos que asegurarnos de que Uruguay no sea solamente un usuario de esa tecnología, sino que pueda construir capacidades propias, generar conocimiento y utilizarla de acuerdo con sus necesidades, sus recursos y su realidad productiva.
Desde la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca vamos a seguir trabajando para que esta discusión tenga continuidad y para generar los ámbitos necesarios de intercambio entre el sistema político, los productores, la academia, las instituciones de investigación, las empresas y todos los actores vinculados a las cadenas agroalimentarias.
El desafío ya está planteado. Ahora tenemos que seguir pensando juntos cómo queremos enfrentarlo.










