Una experiencia ovina que demuestra que producir, planificar y registrar también es transformar

05.09.2026

Ayer visitamos el establecimiento Lourdes, en Parada Olivera, Soriano, para conocer de primera mano una experiencia productiva vinculada al rubro ovino que merece ser puesta en valor.

La jornada nos permitió acercarnos a un sistema que comenzó su reconversión hacia la producción ovina en 2017 y que, a partir de la planificación, el manejo y el aprendizaje permanente, fue construyendo una alternativa productiva eficiente y sostenible. La experiencia ya había sido presentada anteriormente en instancias técnicas del sector, destacándose sus resultados productivos y económicos. 

Lourdes cuenta con 400 hectáreas, de las cuales 120 están destinadas a la producción ovina. El sistema se apoya en pasturas con alfalfa, una adecuada división de las parcelas, disponibilidad de agua y un manejo reproductivo planificado. La utilización de ecografías para el diagnóstico de preñez y determinación de carga fetal, la esquila preparto, la encarnerada planificada, la suplementación y los cruzamientos terminales forman parte de una estrategia que busca mejorar los resultados.

Pero hay un aspecto que consideramos especialmente importante: la información como herramienta para tomar decisiones. El establecimiento lleva registros productivos, sanitarios y económicos y analiza esos datos anualmente para identificar ajustes y oportunidades de mejora.

Los resultados muestran la evolución alcanzada. En el ejercicio 2025-2026 se registraron 143.452 dólares de producto bruto, 44.775 dólares de margen neto y una rentabilidad neta del 20%, con una producción de 505,2 kilos de peso vivo por hectárea. La señalada alcanzó, además, el 131%.

Estos números adquieren todavía más valor cuando observamos el camino recorrido. El sistema pasó de 700 ovejas de cría incorporadas en 2017 a superar las 1.000 ovejas encarneradas en varios de los ejercicios siguientes, consolidando progresivamente un modelo productivo adaptado a las condiciones del establecimiento.

También resulta destacable que esta experiencia no se presenta como una receta. Por el contrario, nos plantea una idea que creemos fundamental: cada productor debe construir su sistema de acuerdo con sus recursos, sus posibilidades y sus objetivos, pero el conocimiento generado en experiencias concretas puede ser una herramienta para que otros productores encuentren nuevas oportunidades.

El desafío, entonces, no es solamente producir más. Es producir mejor, con planificación, eficiencia, registros, asistencia técnica y capacidad de adaptación frente a las variaciones climáticas y de mercado.

La experiencia de Lourdes muestra que la producción ovina puede constituir una alternativa rentable y sostenible y, al mismo tiempo, generar conocimiento que puede ser compartido con otros productores.

Desde nuestro lugar, valoramos especialmente estos espacios de intercambio, porque acercarnos a quienes producen, conocer sus experiencias y escuchar sus necesidades es también una forma de construir políticas públicas que estén vinculadas con la realidad del territorio y con quienes todos los días trabajan para producir en nuestro país.

Conocer experiencias que funcionan, identificar sus fortalezas y también sus desafíos nos permite seguir pensando cómo fortalecer al sector ovino y generar mejores condiciones para que más productores puedan desarrollar sistemas productivos sostenibles y rentables.


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